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Esclavos en pleno siglo XXI: cómo funciona la venta de personas en el norte de África

Publicado hace: 1 week

Un video revela el tráfico de personas que son publicitadas como cualquier otro producto.

“¿Alguien necesita un excavador? Escucho ofertas”, exclama un comerciante. No pasan muchos minutos hasta que un joven nigeriano es entregado a su nuevo “dueño”, interesado en la promesa de recibir un hombre fuerte para el trabajo de campo. La escena se repite a diario en Libia, a pocos kilómetros del Mar Mediterráneo, donde miles de personas mueren en naufragios durante sus intentos por llegar a una vida mejor en Europa.

Los sujetos vendidos difícilmente hablan. Están traumatizados, aseguran los reporteros de CNN que viajaron hasta el norte africano para la investigación. Los mayores controles en los puertos libios dificultan la ruta de los inmigrantes, pero los traficantes de personas optaron por esta “solución” para lucrar con las personas que viajaron desde otros países y no logran embarcarse como les fue prometido.

Los esclavos usualmente realizan tareas agrícolas por el día, pero la compensación se la queda el comerciante, quien además puede llegar a exigir el pago de un rescate para romper con el negocio. La venta puede alcanzar los 1.200 dinares libios, cerca de 800 dólares.

libia shutter 600

Victory, un nigeriano de 21 años que gastó todos sus ahorros para salir de su país y tratar de llegar a Europa, logra narrar su experiencia. “Si ves a la gente aquí, encontrarás las marcas. Han sido golpeados, mutilados”, señala. Las condiciones a los que son sometidos incluyen hacinamiento, falta de comida y abusos físicos.

Según explica, los traficantes le prometieron compartir las ganancias para, poco a poco, saldar la presunta deuda que tiene con ellos (pese a que no cumplen su promesa de llevarlo a Europa), pero el dinero nunca parece ser suficiente y es vendido día tras día.

Cuando logran escapar o son liberados en las redadas de las autoridades, vuelen al punto cero. Son deportados a sus países de origen, luego de perder todos sus ahorros y vivir un infierno. Regresan al punto del que hicieron de todo por salir, con los bolsillos vacíos y, en ocasiones, con una familia que se vio obligada a pedir préstamos para pagar su rescate.

Victory suspira, abatido. “Volví al punto de inicio. Es muy doloroso, muy doloroso. Yo no llegué (a Europa), gracias a Dios por los que sí lo hicieron”.

Fotos: Shutterstock

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